jueves, 6 de julio de 2017

Hasta el día de hoy.

 Me acuerdo que hace tres años terminaba una etapa de mí vida donde me encerré en mí misma y pensé que no iba a crecer porque no valía la pena y merecía lo que tenía, pero no fue así, crecí.
 Hace dos años, empezaba otra etapa empujada por la primera donde me caí, me levanté de rodillas y antes de poder pararme, volvía a caer y así sucesivamente.
 Creí que no iba a crecer porque aprender no siempre es crecer, pero no fue así, crecí.
 Este año después de todos los tornados y de pasar febrero sin poder crecer, llegó marzo y estaba totalmente negada a crecer porque sabía que implicaría dolor por aprender y saber que lo que pienso no siempre es la verdad y que hasta enero había cambiado tanto de la primera palabra que escribí arriba, que me sentía bien con lo que había crecido y no quería crecer ni un poco más y no me interesaba, pero lo que no supe es que la zona de confort es lo peor y empezaron los fueguitos, explosiones y fantasmas.
 Me NEGABA a crecer, pero después de todo, este año cambié tantas veces de parecer y me salí tanto de la comodidad, que terminé creciendo sin querer y ahora queriendo.
 Escribo ésto para saberlo. Hoy comprendo canciones que cuando era chica no tenían sentido.
 Nunca bajes los brazos.

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