viernes, 16 de septiembre de 2016

Lazos.

 Eran los dos corriendo a más de 1650 km por hora, naturalmente ya lo hacían, pero no lo sentían, no sentían como se movían sus pies por debajo de la tierra, de la misma Tierra, ella iba atada a él por un lazo en sus dedos, él corría muy rápido como para que ella lo siguiera, uno de los dos tenía que ceder, él iba a cansarse de arrastrarla a ningún lugar y ella iba a gastarse los pies siendo arrastrada hacia ningún lado,
¿pero quién sería el primero?
Sin darse cuenta, uno de los dos cedió, pero lo que no tuvieron en cuenta es que aquel lazo seguía ahí y seguiría allí.

Hasta el día de hoy, si uno de los dos se queda quieto y el otro se mueve, 
pueden sentir como se estira,
pero no se
rompe.

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