domingo, 7 de diciembre de 2014

Domingo, siete de septiembre.

 Benditas nuestras vidas aunque desastrozas se unieron en el camino de la vida, en el momento justo para salvarnos el uno al otro, tal vez no lo creerías, pero creo que un corazón sin destino que se encuentra con otro pueden hacerse sanar, bendito que llegaste justo cuando creía que iba a caer, benditos tus consejos y tus brazos que me abrazan para hacerme saber que en esta vida todos los dolores son pasajeros, que sólo con mirarme podés reparar un mal día, una mala semana, un mal año, una mala vida, porque algo que me hace tanto bien no puede hacerme tanto mal, si tus demonios se entienden con los míos, no es necesario estar en el cielo para poder estar bien. Bendito el acto que me ayudes a cerrar mis heridas como quiero ayudarte a cerrar las tuyas, dieciocho años y nunca conocí a nadie que me hable, que me aconseje, que me cuide, que me entienda, que me acompañe como vos y ya no lo quiero esconder más, no importa mucho porque o el que, o el como, no nos entiendo, pero te entiendo y me entendés, me enseñás mucho más de lo que puedo aprender y hasta me llena de orgullo saber que puedo volver a sonreír cuando te miro. Me demostrás día a día que todavía existen personas maravillosas por conocer, que todavía existen motivos para vivir, que todavía existen muchas cosas por conocer y si hay una luz en la oscuridad... Es esta.

2 comentarios:

  1. Solo vos tenés la luz, no la busqués en otros lados.

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  2. Gracias, y fue cierto lo que dijiste. ☺

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