sábado, 1 de noviembre de 2014

Soledades.

 Hace algún tiempo quería hablar de la soledad, hace algún tiempo que estoy con ella y no me acostumbro a la idea de sentir que nadie me abraza, es ahí cuando la soledad me abraza y con la soledad viene su amigo el silencio, se anidan dentro de mi cuarto, dentro de mi piel, ando con la mirada perdida y todos pueden ver como queda a flor de piel la soledad dejando cicatrices.
 Realmente puedo sentir el peso de la soledad en mis hombros, con ese peso viene la culpa, esa culpa de haber dejado ir a mi gran amor, a ese amor que pensé que era el indicado, (tal vez lo es) que cuando estaba con él la soledad no era más que solo un vestigio de un recuerdo lejos, ahora la soledad hace que él sea un vestigio de un recuerdo lejos.
 La soledad llama a la tristeza que viene a sentarse conmigo, recorriendo el pasado, secando mis lágrimas, la tristeza es malvada, hace que miremos al más allá y nos demos cuenta de que solamente hay un más allá solitario. La soledad invita al miedo, porque realmente tengo miedo de no verte nunca más como te miraba antes, con el amor con el que te miraba antes, tengo miedo de no pasar el resto de mi vida con vos, o peor, tengo miedo de que nos pase algo que no deje que sigamos viviendo, más allá de que sea juntos o no, el miedo invoca a la muerte.
 Ahora que ves que la soledad trae tantas emociones consigo, la soledad no es solo "soledad" y nunca lo será, la soledad es extensa e ingrata, es mucho más que una sola palabra. Nunca pensé que me fuera a dejar en soledad, pero mientras mi corazón le pertenezca, yo seguiré con esta soledad.

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