lunes, 3 de noviembre de 2014

Jean azul.

 Cuando entraste a mi vida llevabas puesto tu jean azul, que bien que te quedan, hiciste que por el resto de mi vida no pensara nada más que en eso, en tener en poder de quitártelos cuando deseara, hiciste que la cabeza me pesara, que mi alma se quemara en un solo beso, tal vez esta taza no es la indicada, pero quería que sea algo de nunca acabar, me encantaba usar tus remeras de camisones, que me despeinaras y dijieras mi nombre en un susurro, en mis oídos, porque te amaré hasta el final, esperaría un millón de años sin importar, sé que no podés ver a través de mis lágrimas y mis ojos desmaquillados cuanto lo siento, me dijiste que tenías que irte para poder crecer, como un árbol solitario mis raíces se descontrolaron y querían quedarse con vos para siempre, él se marchó un día de semana, cuando salió por esa puerta una parte de mí se murió, se la llevó con él para no regresar más y ahora en vez de escuchar como pronuncia mi nombre con esos labios eternos, escucho a la lluvia caer fuerte con el viento.
 Dime que me recordarás para siempre, con esa sonrisa perfecta que era mi religión, y yo te recordaré para siempre con tu jean azul.

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