sábado, 18 de octubre de 2014

Congeniar.

 Desde el primer momento en que nos vimos, tu mirada y la mía congeniaron, nuestras primeras palabras congeniaron, tu voz con la mía, más adelante tus ideas y las mías se entendieron, se entendieron tanto que hasta nuestros cuerpos disfrutaron de que se hayan entendido. Comprendimos que congeniamos tanto, que queríamos seguir concordando, al principio hablábamos como dos locos, después nos mirábamos y nos comprendíamos, hasta que llegó el momento en el que el silencio entre miradas era toda la respuesta que necesitábamos. Todo lo que sabía era que me atrapaste como un misterio, que te faltaba amor, pretendía querer arreglar tu mundo cuando vos eras el que arreglabas el mío, congeniamos tanto que te entregué mi corazón como nunca lo había hecho.
 Tuve el placer de congeniar con vos en esta vida...
 (No me atrevo a poner un punto final, porque sé que los puntos suspensivos le dan hilo a esta historia.)

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